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Algunos hombres buenos

3 junio, 2016EcologíaRafa 0 Comentarios

Hace tres años decidí comprar un terreno para montar un pequeño vivero y poder plantar árboles con mis alumnos.

Plantar un árbol es uno de los gestos más simples y a la vez más simbólicos que uno puede hacer por el planeta (y no solo por el planeta). Llámame idealista.

Compré el terreno y empecé a llevar tiestos, tierra, unos contenedores para poder almacenar agua para el verano, etc. Pude llevar a cabo un pequeño proyecto en uno de los colegios por los que he pasado. Aquí hay un recuerdo.

Aquí el artículo del blog.

Toda iba bien hasta que empezaron a torcerse las cosas.

Después de varios meses comenzaron a desaparecer plantas, contenedores…

El señor ladrón, en este caso pariente muy lejano de la señora necesidad, era amigo de la noche. Cual tuno universitario iba de ronda por mis escasas propiedades siempre a malas horas. Quizás por ello nunca tuvimos el gusto de conocernos.

Este caballero, no imagino dama en tales menesteres, unas veces se llevaba el armazón de hierro de un contenedor, seguramente con el deseo de venderlo “pá chatarra”, otras veces una caja de robles de valor cercano al sentimental, otras veces un contendor de plástico…

Todas sus andanzas fueron minando mi ánimo, hasta el extremo de estar en varias ocasiones a punto de abandonar el proyecto.

– Qué triste comprar un terreno para plantar árboles y no poder plantar nada porque te lo roban- me repitió mi mujer varias veces, no sin falta de razón.

Algunos me sugirieron cercar el prado. Loable consejo si no fuera por el montante de la obra. Me había dejado unas buenas perras y no podía asumir más gastos.

A cada infortunio sin embargo, el azar o el destino parecía querer responder con la visita de un hombre bueno.

Un día me visitó un hombre de una empresa de mantenimiento de autovías. Me hizo el favor de plantar árboles de tamaño considerable. Los colocó alrededor del terreno delimitando el perímetro. A pesar de todo lo que se lo agradecí, creo que hoy en día todavía no sabe el favor que me hizo. Como todo buen hombre es de honor nombrarlo. Se llama Pablo.

Sin embargo, llegó el verano y no quedaba ni un solo contenedor de agua, por tanto ni una sola gota con la que regar los árboles. Tuve que recoger todos los plantones y llevármelos porque se secaban.

Los continuos robos no sólo se llevaban las escasas pertenencias de aquel desdichado prado, iban arrancando a pedacitos también mi ilusión.

Después del último robo, hijo del cabreo nació este cartel en mi huerto:

vivero-no-robar

Un tiempo después me visitó otro hombre bueno. Me dijo que sabía de mi historia por el cartel y me ofreció todos los contenedores de la huerta de su padre porque se jubilaba. Se llama Oscar y como el anterior, también es de justicia nombrarlo. Algunas veces, de las peores situaciones salen buenas amistades y éste es también el caso de Oscar.

Y en esas estamos… El señor ladrón sigue pegando duro.

Lo malo de todo esto es que algunas veces no vale con unos cuantos hombres buenos. Basta con uno malo.

Hace poco para no olvidar el camino, en un muro del jardín de casa, pinté con musgo un grafiti  como este que rezaba; NEVER GIVE UP.

 

AGRADECIMIENTOS

Septiembre 2017. Agradecer a Marita, del Ayto de Camargo, su sensibilidad con el proyecto.

Octubre 2017. Agradecer a Belén y María, las chicas de la empresa http://www.sacoutil.com  ,su buena disposición para colaborar con el proyecto. No pudo ser pero os agradezco la empatía y la ilusión que le pusisteis.

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